A B C D E F
G H I J K L M 

Total read books on site:
more than 10 000

You can read its for free!


Text on one page: Few Medium Many
No he obedecido, Jacobo, no porque se trataba de mi vida, sino
porque quería salvar la tuya...

--¿Entonces?...

Lea bajó la voz y dijo con aire aterrado:

--Se trataba de él ó de mí, Jacobo; era preciso elegir y he elegido. ¡Ya
no hará daño á nadie! La declaración que yo debía darte está en su
bolsillo; allí la encontrarán... Yo no me atreví á cogerla... Está
caído en el suelo en el salón de la casa de _Tavistock-Street_, con los
ojos terriblemente abiertos y la boca todavía amenazadora...

--¿Le has matado?

--¡Cállate, desgraciado! No se debe saber eso hasta mañana. Es preciso
que yo esté libre hasta el fin del espectáculo. Aún no he terminado mi
misión. Me pagan y tengo que cantar. Precisamente esta noche está el
público loco conmigo...

Al decir esto, tenía un aire tan extraño, que Jacobo creyó que el
cerebro de aquella mujer no había podido resistir las duras pruebas que
venía sufriendo, y se había vuelto loca. Pensó llamar y no creyó lo que
le decía. Pero vió en los ojos de la infeliz un pensamiento de
desesperación tan terrible, que tuvo el presentimiento de una desgracia
inmediata.

La voz del traspunte se oyó en el pasillo:

--Á escena para el último acto...

Y al pasar cerca de la puerta:

--Miss Hawkins, ¿se puede empezar?

--Sí, respondió Lea tranquilamente, ya bajo.

Cogió de un canastillo una orquídea blanca con manchas rojas y dijo
presentándosela á Jacobo:

--Guárdala en memoria mía. Esta flor es como mi alma; ensangrentada y,
sin embargo, pura...

--Lea, dijo Jacobo asustado, pide un momento de descanso; no estás en
posesión de ti misma...

--¡Sí! Jamás he estado más segura de mi... Es el acto de la muerte,
Jacobo; verás qué bien le canto... Anda, vete á verme. Lo quiero...

Jacobo trató de detenerla, de calmarla.

--¡Lea!

La cantante lo miró profundamente, le dirigió otra sonrisa y se arrojó
en sus brazos en un movimiento apasionado, diciéndole:

--Dame un beso, ¿quieres? Es la última vez que estamos juntos. Permíteme
que al partir lleve en la frente el recuerdo de tus labios.

Jacobo se prestó dulcemente á ese capricho y ella entonces le apretó
contra su corazón con una fuerza extraordinaria y exclamó:

--¡Oh! Si me hubieras amado siempre, viviría y sería dichosa...

Hizo un ademán de desolación y prosiguió:

--¡Ay! ¡Ya no es tiempo! ¡Adiós!

Le echó un último beso con la punta de los dedos y se lanzó fuera. Ya la
orquesta ejecutaba el sublime preludio del acto de las tumbas. Jacobo,
turbado y lleno de preocupación, entró en la sala y se reunió con
Tragomer. El acto había comenzado y Romeo estaba cantando. Jacobo se
inclinó al oído de Cristián y murmuró:

--No sé qué va á pasar, pero Lea ha perdido la cabeza. Acaba de decirme
que esta tarde ha ido Sorege á amenazarla, á violentarla, y que ella le
ha matado.

--¡Dios mío! exclamó Tragomer. Pero ella, entonces, la desgraciada...

--¡Mírala! Está aterradora...

Con la palidez de la muerte en las mejillas, Julieta se levantó de la
tumba y fué á caer en los brazos de su amante. Con voz que parecía
velada por el crepúsculo de la noche eterna, la hija de Capuleto
esperaba la embriaguez de su dicha al despertarse sobre el corazón del
bien amado. Después el veneno hacía su efecto y Romeo palidecía,
sucumbiendo. Julieta le retuvo con fuerza, como si se acusase de aquella
muerte que él se daba por su amor. En seguida arrancó de la cintura de
Romeo el puñal que de ella pendía y echando á la aguda hoja una mirada
de dichoso alivio, pronunció como un grito de libertad esta frase:

"¡Ah! ¡Bendito puñal! ¡Eres mi último recurso!"

Y con firme brazo se asestó una puñalada en el mismo sitio en que había
herido á Sorege. Siguió de pie, pero la voz se extinguió en sus labios.
Un hilo de sangre surgió de la garganta y se deslizó por el traje
blanco. Sus ojos se nublaron. Novelli se levantó en este momento y se
arrojó sobre su compañera gritando:

--¡Socorro! ¡Se ha herido!

Un espantoso rumor partió de todos los puntos de la sala. Los
espectadores, de pie, miraban aterrados. La cantante agitó lentamente la
mano como para decir que todo era inútil. Bosquejó una sonrisa,
esperando que la recogería Jacobo. Su belleza era tan brillante en aquel
momento supremo, que los tres mil espectadores que ocupaban el teatro se
callaron como por una fuerza misteriosa, y se oyó el último suspiro que
se exhalaba de los labios de la artista. Vaciló como una flor cortada, y
cayó muerta en aquella misma escena en que acababa de triunfar su arte.

* * * * *

M. Melville, avisado por teléfono, salió de _Scotland-Yard_ y se dirigió
al domicilio de la cantante. Sorege estaba tendido en la alfombra del
salón, lívido y horrible. En el bolsillo de su levita se encontró la
declaración de Lea probando la inocencia de Jacobo, que fué enviada á la
embajada francesa por la policía de Londres. Vesín marchó á París, á fin
de activar la revisión del proceso. Los Harvey en su yate y Marenval,
Tragomer y la familia de Freneuse en el _Magic_, se habían dirigido á
Cowes.

Los jóvenes pasaron dos meses deliciosos en la intimidad de una
existencia activa y libre, navegando por el tranquilo mar ó anclados en
las radas del Solento. La belleza de María, realzada por la esperanza,
brilló entonces con todo su esplendor. La joven se mostró encantadora y
tierna con Cristián, como si quisiera hacerle olvidar los pasados
rigores.

Jacobo sencillo, dulce, un poco grave, y tan diferente de si mismo que
era imposible reconocerle, se complacía en hablar con miss Harvey que le
pedía interminablemente el relato de sus aventuras y de sus miserias. El
joven confesaba sus errores, sus locuras y sus faltas y describía los
sufrimientos de su vida con una humildad y una emoción, que conmovían
profundamente á la americana. Jacobo no demostraba el ardor y la fuerza
de la juventud sino para remar y montar á caballo con los hijos de
Harvey, y aun éstos tenían que rogárselo vivamente así ellos como la
señora de Freneuse, inquieta por las tendencias místicas de su hijo y
deseosa de verle volver á los gustos de la vida normal. Con este mismo
fin la madre de Jacobo favorecía la intimidad de su hijo con miss Maud.
Pero pronto quedó sentado que nada modificaría en las horas de felicidad
los proyectos madurados en las de angustia.

El mes de agosto expiraba y Julio Harvey anunciaba el propósito de
marchar á Portsmouth para hacer provisiones de carbón y de víveres á fin
de volver á América. Tenía que arreglar negocios en su país y sus hijos
debían volver á los prados para vigilar las ganaderías. Miss Maud se
resignó á acompañar á su padre, pero quería llevarse con ella á las
señoras de Freneuse y á Jacobo.

--El proceso, decía, que consagrará la inocencia de su hijo de usted, no
será resuelto hasta dentro de algunos meses. ¿Qué van ustedes á hacer
hasta entonces? Si vuelven á Francia no podrán vivir sino muy retiradas
y probablemente el señor de Freneuse tendrá que constituirse en prisión,
pues hasta que se pronuncie la nueva sentencia le considerarán como
culpable. Vénganse, pues, con nosotros á Nueva York... Dejaremos á mi
padre y á mis hermanos ir á Dakota y nosotros nos instalaremos
tranquilamente en Newport. El señor de Tragomer nos acompañará, pues á
Marenval le creo muy deseoso de volver á París.

--Véngase usted, Tragomer, decían los _cow-boys_; iremos hasta las altas
mesetas á tirar á los bisontes. Hay todavía hermosas manadas, y
acamparemos en las tiendas con los _Cherokees_... Allí verá usted
potros, como no los hay en el mundo, que corren veinticuatro horas sin
descansar... Pescaremos el salmón en los _creeks_... Hay rincones
donde se cogen piezas que datan del diluvio... ¡Unos monstruos! Venga
usted, Tragomer, venga usted... Cuando tengamos á Jacobo en el suelo
americano, le pondremos en forma... Es un buen _sportman_; no hay que
dejarle hacerse cura.

Miss Maud se encargó en persona de intentar el esfuerzo supremo. Una
noche en que se paseaba con Jacobo por la cubierta del _Magic_, en la
rada de Cowes, se detuvo repentinamente y se apoyó en la borda del yate.
El mar estaba fosforescente. Por todos lados las luces eléctricas
marcaban el sitio de los barcos anclados y un viento tibio y ligero
cantaba en las vergas. Innumerables estrellas bordaban el cielo en sus
resplandores de oro pálido. La joven estaba mordisqueando una rosa y
miraba al mar sin decir palabra. Jacobo, á su lado, escuchaba
distraídamente una música que se oía á lo lejos en la oscuridad. Miss
Maud se levantó y dijo, fijando en la cara de Jacobo sus ojos
perspicaces:

--Señor de Freneuse, conviene hablar esta noche sinceramente, para que
no tengamos después ni penas ni arrepentimientos. Usted tiene proyectos
que afligen á su madre y á su hermana. No hablo de sus amigos, entre los
que nos contamos, pues la autoridad que pueden tener sobre usted es muy
débil comparada con la de esas dos mujeres que tanto han llorado por
usted. Existe ademas otra afección que puede tener una influencia
decisiva en la vida de un hombre. Y aun esa es preciso que el que la
provoca, la sienta.

Se detuvo un poco confusa, tanto por la gravedad de la confidencia como
por la dificultad de completarla. Pero era un espíritu enérgico y
continuó atrevidamente:

--Ha hecho usted muchas locuras, pero las ha expiado con muchos
sufrimientos. Está usted, pues, en paz consigo mismo. ¿Por qué insiste
usted en dejar el mundo á pesar de la pena que causa á su familia? Debe
usted ciertas compensaciones á las que han sufrido por su causa. En fin,
si una mujer, conmovida por sus desgracias, interesada por su
rehabilitación y sinceramente enamorada de usted, se ofreciera á cuidar
las heridas secretas de su corazón, á curarlas y á cifrar su dicha en
hacer de usted el hombre que debe ser, ¿rechazaría usted esa ternura?

Levantó su frente en la que brillaban la inteligencia y la voluntad, y
prosiguió:

--Yo soy esa mujer que le ama y que le ofrece la mano. Si usted la
admite, tendrá en mi una compañera resuelta y adicta. El bien que usted
se propone hacer á la humanidad á cambio del mal que de ella ha
recibido, lo haremos juntos.



Pages: | Prev | | 1 | | 2 | | 3 | | 4 | | 5 | | 6 | | 7 | | 8 | | 9 | | 10 | | 11 | | 12 | | 13 | | 14 | | 15 | | 16 | | 17 | | 18 | | 19 | | 20 | | 21 | | 22 | | 23 | | 24 | | 25 | | 26 | | 27 | | 28 | | 29 | | 30 | | 31 | | 32 | | 33 | | 34 | | 35 | | 36 | | 37 | | 38 | | 39 | | 40 | | 41 | | 42 | | 43 | | 44 | | 45 | | 46 | | 47 | | 48 | | 49 | | 50 | | 51 | | 52 | | 53 | | Next |

N O P Q R S T
U V W X Y Z 

Your last read book:

You dont read books at this site.